En Egipto, pasan cosas insospechadas...
Estás cenando tranquilamente en un tailandés, y tras un par de llamadas telefónicas apareces en una de las casas más elegantes de El Cairo, en una fiesta en la que ni se te ha invitado y ni siquiera conoces al dueño. Ni tú, ni nadie de los que van contigo, claro. Para mayor intriga, un hombre en la puerta apunta tu nombre y email para invitarte a otras celebraciones. Y el propietario de la casa viene, te da la bienvenida y se presenta.
Y en ese duplex gigante con vistas al Nilo y con una piscina en la terraza que parece flotar sobre el río, empiezan a aparecer personas. Tantas, que uno ya no puede casi moverse. Las 100 almas sobrepasadas con creces evolucionan entre las distintas terrazas. Y hay bebida para todos, se rompen cristales y se estropean cosas. Pero casi nadie conoce al dueño ni sabe quién es ni qué hace.
- ¿Sabes quién es el dueño de la casa? -me pregunta un chico.
- Sólo sé que es portugués. ¿Y tú cómo has llegado aquí? -respondo.
- Me han traído mis amigos, pero ellos tampoco saben quien es...
Vamos, la costumbre.
¡Ay, la vida nocturna de El Cairo!
.jpg)